... Cuando tu voz se va "de vacaciones"...

 

Cuando uno tiene pesadillas sobre lastimarse o perder algo, siempre piensa con horror sobre la posibilidad de quedarse ciego, o no volver a caminar. O quizá perder una mano. Pero estoy seguro que muy pocos han pensando con horror en la posibilidad de perder su voz. Yo era uno de ellos. Hasta que me pasó.

 

Me debería dar "orgullo" decir que me lastimé "por profesional". Incluso me pudo haber ocurrido de alguna manera “heroica” o con una historia al menos interesante. La realidad es que, honestamente, fue por pendejo. Por descuidado. Por confiado. 

 

 Introducción - ¿Cómo Ocurrió?

 

Gran parte de mi trabajo desde el año 2000 consiste en dar charlas técnicas -llamadas “clínicas”- sobre audio, producción musical, grabación y mezcla de sonido en vivo. Viajo por todos los países de América Latina haciendo esto con pasión y devoción y así me he ganado un sitio en la industria. Justo haciendo una gira más de las literalmente miles que he hecho, sobre cómo mezclar sonido en vivo, y ¿qué mejor que demostrar esto, sino mezclando en vivo a una banda de rock mientras yo le mostraba a la audiencia lo que iba haciendo, gritando, alzando la voz por sobre el volumen de una banda tocando a pleno? y eso que parecía la mejor forma de hacer esa gira en particular y que estaba teniendo bastante éxito, justo a la mitad, combinando un sobre esfuerzo al alzar la voz por horas y muchos días seguidos, sumándole una noche muy fría en Quito, fueron la receta perfecta para que, un 7 de Mayo del 2017, mi voz desapareciera. Al día siguiente, que viajé al cálido clima de Guayaquil, fue una tortura hablar para mi, y entenderme, para los demás.

 

Había comenzado un calvario que me ha costado ya casi cuatro años superar.

 

Uno cree que es el "Hombre de acero" o un joven eterno y estúpidamente simplemente tomé alguna medicación sin receta para desinflamar lo que según yo era solo "desgaste" y continué... otras SEIS semanas. 

 

Para cuando volví a casa a fines de Junio 2017, mi voz era ya solo un doloroso susurro.

 

Acudí con un par de renombrados Otorrinolaringólogos de la ciudad. Ambos necesitaban “ver” dentro de mi garganta, así que fui a hacerme una "Fibronasolaringoscopía" -o sea que te metan cámaras por la nariz para poder ver tus cuerdas vocales de cerca-. Tuvieron que hacerlo dos veces para ver distintas cosas. Por un lado, nos aseguramos que no tuviera cáncer - ¡por fortuna! -, o nódulos o pólipos o algo raro. "Únicamente" se podía percibir una inflamación brutal del lado izquierdo de la laringe y un desgarre que provocaba que las cuerdas vocales estuvieran encimadas, cruzadas, de manera antinatural, lo cual me impedía modular mi voz.

 

Para empeorar las cosas, cuando me hicieron el segundo estudio, las mangueras de las cámaras, al salir a través de toda esa inflamación, me produjeron desgarres que empeoraron la situación y hasta provocaron una infección.

 

¿Resultado? No tuve nada de voz, ni siquiera para decir "hola" a mi hijo en casa o que me entendieran cuando quería comprar algo en el supermercado o mucho menos enviar un mensaje de voz por WhatsApp. 

 

Quedé, en efecto, Mudo. Era una situación irreal. Un mal sueño.

 

Como hombre, mi voz ha sido uno de mis mejores atributos. Aunque nunca he vivivo al 100% de la música, he hecho muchas cosas a nivel profesional donde también, uno de mis mejores atributos como músico, era que no solo toco varios instrumentos, sino que también sabía hacer coros o incluso ser la voz principal de alguna agrupación. Ahora tomen en cuenta esto: eres músico, te dedicas a las ventas y a dar conferencias, talleres y demostraciones de productos de audio... ¡y de repente no tienes voz! 

 

El paso inmediato era, obviamente, quedar desempleado al quedar inhabilitado para trabajar. Una visión pavorosa, sin esperanzas de una recuperación pronta o siquiera efectiva.

 

Después de ir con varios médicos y una foniatra, encontré que sus opiniones fueron nefastamente muy similares: todos me sugerían tomar dosis masivas, tóxicas, de antiinflamatorios esteroideos -corticoides-, que si bien por un lado son capaces de aliviar los dolores de gente con cáncer o enfermedades terminales, por otro lado, se te acumulan en el cuerpo; el exceso de corticoides puede dañar tu páncreas, hígado, riñones y provocarte cáncer, insuficiencia, intoxicación o incluso diabetes. Es Increíble que era ya el año 2017 y aún no existía -y sigue sin existir- un medicamento antiinflamatorio enfocado en la laringe. Para la parte superior, la garganta, abundan. Pero para más abajo, no hay nada, mas que corticoides -cortisona- de uso general.

 

Comentario nerd: lo que me habían recetado era “una inyección de Dexametasona diaria”, por dos o tres meses. La Dexametasona es lo que en meses recientes encontraron como uno de los medicamentos más eficaces para atacar los síntomas del COVID-19, evitando que se te inflamen los pulmones. Así de fuerte es.

 

Simple y sencillamente no quise hacerlo. No quería recuperar mi voz a costa de dañarme el resto de mi envejecido y obeso cuerpecito con tan fuerte medicación.

 

¿Entonces qué opciones tenía? Bueno, lo primero que tuve que superar fue la horrible depresión que esto me provocaba. Jamás había estado tan deprimido en mi vida y la mejor manera de  describirlo es:

 

Despertaba y abría mis ojos. Acto seguido, por masoquismo, intentaba decir alguna palabra: "buenos días", "hola", lo que sea. Y entonces me golpeaba la realidad: mi voz no existía. No podía llamar a mi hijo, gritar por ayuda o llamar por teléfono a nadie por la razón que fuese. Mi profunda y característica voz, mi gusto por cantar, mi herramienta de trabajo, se había ido. Era una auto-tortura diaria. Y en cuanto me daba cuenta que mi voz no existía, simplemente me soltaba a llorar sin dejar de pensar en ello todo el día. Caer dormido. Repetir al día siguiente. 

 

Sabía perfecto que no iba a ganar nada deprimiéndome y nadie me iba a sacar de esa  depresión. Así que simplemente una mañana, ya que habían pasado dos meses y con un viaje programado de trabajo a Brasil que aún no había cancelado, decidí que, aunque mudo, debía realizar ese viaje y comenzar a ocupar mi cabeza con otras cosas.

 

Mudo. Pero entretenido. Y activo, que es lo mejor para combatir la depresión.

 

 

La prognosis era incierta aún para los médicos, dado que nunca me tomé la medicación que me indicaron. Incluso la Foniatra me dijo que como había pasado mucho tiempo y estaba "forzando mi voz", eso generaría cicatrices internas que al final provocan más daño aún y que mi condición era de "incierta" a permanente. Y eso sonaba peor que mi maltratado hilacho de voz.

 

 

 

THE NAMM SHOW - La revelación

 

Cada año, en Enero -con excepción del 2021 por la ahora histórica pandemia-, se realiza en Anaheim, California ,el NAMM Show, que es el mayor “Trade show” (como una expo, pero solo para miembros de la industria) de audio en USA y ahí uno se reúne con todos sus clientes del mundo en persona y se habla de negocios y se le da forma a los planes de ese año que recién comienza. Es una delicia estar ahí y convivir con todo mundo, además de lo vital que es para la industria que tanto amo y de la que vivo.

 

 

Y, como era de esperarse, asistí, como cada año desde el año 2001. 

 

Tuve que estar en el NAMM los 4 días que dura, tratando de hablar aunque sea lo básico con mis clientes y con un remedo de voz que al inicio de los primeros días comenzaba débil e iba empeorando con el transcurso del día por mis vanos intentos de “hablar más fuerte” debido al ruido.

 

Y sin embargo, lleno de sorpresa, con el paso de los días encontré que a pesar de todo, al final del día mi voz estaba más clara. ¿A qué se debía? Resulta que las cuerdas vocales son un músculo. Y los músculos se atrofian si no los usas. Hay que ejercitarlos. Y aunque no fue la mejor terapia en el momento, me quedó en claro el camino a seguir.

 

Ya activo de nuevo en mi trabajo y con mi nueva limitación, lo que me quedaba por hacer, si quería recuperar mi voz, era re-aprender a hablar, a utilizar mejor el aire para proyectar un poco más eficientemente el débil susurro que tenía por voz, respirando con el diafragma, usando la técnica de canto que aprendí de diversos maestros cuando joven. Y fue hasta entonces que comencé a tener de regreso algo semejante a una voz.

 

¿Cantar? En esos momentos ni en sueños. Solo con falsete, que por cierto se volvió muy potente. Hey, ¡al menos podría cantar en un tributo a los Bee Gees!

 

Así, poco a poco y vocalizando con frecuencia, iba escuchando avances en mi voz diaria, pero también en la voz de canto. Había cierto rango en que era casi imposible hacer que las cuerdas afinen una nota y otros en que podía hacer lo que quisiera. Ejemplo clarísimo: al intentar cantar "Crimen" de Cerati me era imposible afinar. Se escuchaba a "el gallo claudio" cada que intentaba cantar. Extraño. Pero entonces comencé a explorar canciones con voces más graves... o más agudas... y así mi garganta se comenzó a abrir.

 

Fue hasta Noviembre del 2018 que me arriesgué a volver a cantar en vivo por primera vez en 19 meses, con la banda de un amigo en la cual he sido músico invitado en su show tributo a Pink Floyd.  Toqué guitarra acústica y canté en 3 temas que usualmente interpretaría a ojos cerrados y sin ensayar, pero ésta vez fui nervioso, súper ensayado y anhelando poder cantar esos temas decorosamente.

 

No salió todo bien. Pero no salió todo mal.

 

Y de ahi en adelante, la recuperación fue parcial pero positiva, en “baby steps”. 

 

¿El secreto? Literalmente nunca rendirme.

 

Tuve que entender y aceptar que "mi voz de antes" ya no existía. Eso es tiempo pasado y fue la parte más difícil de superar. 

 

Vocalizar. Vocalizar. Cantar. Grabarme. Intentarlo de nuevo.

De verdad, nunca rendirse.

 

Y todo, sin haberme expuesto a ese tratamiento que estoy seguro me habría traído consecuencias nefastas al corto o mediano plazo. ¡Estoy limpio!. 

 

POR FAVOR: No quiero que la moraleja sea "Digan que NO a tomar medicación". Mi decisión no fue evitar medicación alópata contra tomar medicación "alterna o naturista". Simplemente decidí no tomar una medicación que sé me iba a dañar otras cosas por las cantidades altísimas que me estaban recomendando, algo con lo que mi doctora de cabecera estuvo de acuerdo. Y al no funcionar ningún tratamiento "natural" -no hay NADA para las cuerdas vocales, ¡entiendan! Y no, no “se me habían tapado los chacras por callarme algo importante”-, entonces, el único camino que me quedó, fue el esfuerzo, la vocalización, y sobre todo la paciencia y genuino deseo de no rendirme y salir adelante.

 

No los quiero engañar. Nunca fui el mejor cantante del mundo ni he dicho serlo. Pero ¡Hey! Aparte de tecladista, fui el corista de Beto Cuevas durante la última gira internacional de “La Ley”. Eso no habla tan mal de mi. Y tengo discos de mi propia banda y he sido cantante de muchas bandas y proyectos. Así que con mucha modestia y humildad reconozco que sin ser el gran cantante,  también entiendo que hay gente a la que mi voz le gustaba, tanto cuando hablaba, como al cantar. 

 

Y yo, personalmente, amo cantar. 

 

... CADA NOCHE QUE ELLA VIENE...

 

Con tristeza, caí en cuenta de que, tal y como expuse al inicio de este escrito, uno nunca se imagina que perderá su voz y realmente no me había grabado mucho, cantando. Así que durante todo el 2019, cuando estaba a solas en mi estudio y me ponía a vocalizar y sentía que mi garganta se abría, produje un proyecto que llamé "Cada Noche Que Ella Viene" con las sesiones que grabé, en esas noches en que “mi voz venía de visita” y me permitía casi cantar como antes. Los temas son bastante variados y básicamente fue una mezcla de lo que podía cantar, con lo que me hubiera gustado grabar alguna vez. Procuré que sonara lo más profesional posible y no solo a un demo grabado en casa, pero conservé las partes en que la voz se quiebra o suena ronca sin razón aparente, como parte de la documentación de la lesión a mi voz. 


Por cualquier cosa que pudiera pasar y dada la fragilidad de mi voz, quise dejar un documento sonoro de que alguna vez tuve una voz.

 

“Cada noche que ella viene” lo pueden descargar de aquí, si desean.

 

 

 

DE REGRESO A LA MÚSICA Y COMENZAR A TRABAJAR CON LIVE STREAMS.

 

A inicios del 2020 decidimos volver a la escena nocturna del circuito de bares locales mi amigo y compinche de aventuras musicales, Luis Enrique y yo, con nuestra vieja banda TraX, deseando poder divertirnos, divertir a la gente y tocar en eventos sociales y en bares, pero a diferencia de hace casi 30 años, cuando iniciamos esto, será únicamente por gusto -y por sacar una plata extra ¿por qué no?-. Sin embargo, la pandemia se nos vino encima, así que solo dimos un par de shows en vivo en Enero y Febrero.

 

Por la misma pandemia, comencé a hacer mis “clínicas” -mis charlas técnicas- por Zoom y Facebook Live y aprendí muchísimo y muy rápido sobre el tema, donde la experiencia central es mostrar la calidad que logro usando mis equipos, cosa que a un año de que el mundo cambió, muchos aún no dominan y, tal y como en vivo, sus “streams” suenan espantoso porque no les preocupa nada aprender a hacer una producción de calidad. Problema de ellos. Ganancia para mi.

 

Así que con TraX comenzamos a hacer Live Streams por Facebook Live. ¡Nos divertimos mucho y hacemos labor social entreteniendo a nuestros amigos que también están sufriendo el encierro de la “cuarentena”!. 

 

 

MIS LIVE STREAMS - ROCKUERDOS

 

Hubiera hecho muy mal en no aprovechar en algo productivo todo este tiempo extra en casa -y que no teníamos idea cuanto iba a durar- así que comencé a vocalizar prácticamente a diario, a solas en mi casa, por las noches.

 

Una de esas noches, quizá por aburrimiento o curiosidad, se me ocurrió darle “Live” en Facebook. Y para mi sorpresa, habían unas 4 o 5 personas conectadas, viéndome. 

 

Seamos brutalmente honestos: mi voz era verdaderamente espantosa. Yo en verdad estaba luchando noche tras noche por “cantar”, probando diferentes temas que provocaran que mi voz saliera. Todo era falsete. Pero a pesar de ello, esas 4 o 5 benditas personas que, supongo estaban igual de consternados por la cuarentena y aburridos, escuchaban mis pequeñas sesiones que en ese entonces consistían en dos o tres canciones. De igual manera entiendo que pues al menos sonaba muy bien todo -por mi trabajo como productor- y la música al menos era buena y aunque yo cantara horrible, se entretenían escuchando a alguien intentar cantar canciones que seguramente les gustaban también.  Igual tengo alma de payaso y algo habré dicho que les pareció entretenido y cada vez que me conectaba, siempre había alguien viéndome. 

 

Pero Gracias, por millones, a quienes hayan sido quienes me acompañaban en esos días.

 

Con el paso de las semanas, comencé a ponerle un horario y mayor duración a mis sesiones. Y como mencioné, las cuerdas vocales son un músculo que reacciona cuando lo ejercitas. Y con el paso de los meses, la mejoría en mi voz comenzó a ser muy notoria.

 

Todo ha evolucionado al grado que ahora aparezco en mi página de Facebook los Miércoles y Sábados a las 10:00PM Hora del Centro de México, con mis sesiones de vocalización en forma de shows, para cantarle a quienes estén conectados y me quieran escuchar y hacer personales homenajes al rock clásico, a mis tiempos con La Ley y otros artistas con quienes he trabajado, al pop y rock en español de los años 80s y 90s y en diferentes formatos, como sólo con guitarra acústica, o eléctrica, o con piano... o con todo en la misma noche, así que mientras no podamos regresar a una vida "normal" por la pandemia, seguiré lanzando mi voz a la red y que me escuche quien guste, que se lo agradezco siempre con todo el corazón. 

 

Sigo trabajando en recuperar lo más posible mi voz aunque más bien hoy día todo parece apuntar a que estoy creándome una voz nueva. Y no puedo estar más feliz con el resultado.

 

Hago música, trabajo mi voz, mantengo mi mente ocupada durante la pandemia y de paso entretengo a mis amigos y amigas de todo el continente. Ganar-Ganar.

 

Y he de morir siendo músico.

 

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* Si leyeron todo esto, dios me los bendiga. Espero mi historia tenga alguna moraleja o lección que aprender o como nota de precaución para alguien.